Volvemos con los estudios. Esta vez la investigación se ha llevado a cabo sobre el tiburón, cuya aleta cocinada en una sopa es considerada una delicia en China por ejemplo, pues es tradición servirla en eventos importantes, tales como bodas o en otras fechas festivas.

En algunas regiones se ha llegado a prohibir la sopa y cualquier plato que contenga rastros de tiburón porque su población ha menguado mucho en los últimos años, y hay especies que se encuentran en peligro de extinción. Sin embargo, el examen que os traemos hoy en Menú para 2 ha concluido que precisamente la aleta es muy perjudicial para la salud.

Dicha extremidad de los escualos acumula una enorme cantidad de toxina BMAA, un compuesto que muchos científicos vinculan a enfermedades neurodegenerativas como por ejemplo el Alzheimer. El descubrimiento ha sido llevado a cabo por Neil Hammerschlag, biólogo y profesor de la Universidad de Miami que hace años que se dedica al estudio de depredadores marinos.

En esta ocasión Hammerschlag y su equipo analizaron siete especies distintas de tiburón, y en sus aletas encontraron concentraciones de la toxina de hasta 1.838 nanogramos por miligramo. Deborah Mash, coautora del estudio, sugirió que estas cantidades son similares a los niveles encontrados en los cerebros de pacientes con Alzheimer y la enfermedad de Lou Gehrig.

Yo mismo recuerdo haber probado en una ocasión la sopa de aleta de tiburón en un restaurante asiático. El caldo era muy gelatinoso, y la carne muy cartilaginosa, pero la mezcla la encontré algo insípida. No he vuelto a repetir (fue un mero capricho), y viendo este análisis dudo que vuelva a hacerlo…

Vía| Live Science