De pequeño siempre fui muy complicado para la comida, pues a todo le encontraba pegas, no me gustaba nada. Aún así, mi querida y muy paciente madre siempre tenía soluciones para todo, y desde el primer día que me preparó una tortilla seca, esa cosa tan sencilla se convirtió en mi plato favorito.

La tortilla seca no es más que una mezcla de agua y harina pasada por la paella. El resultado se asemeja a una tortilla con recubrimiento crujiente. Hay gente que le pone azúcar o miel, y lo hace a modo de postre. Pero en mi caso, se hacía tal cual con una pizca de sal, ya que era plato único (ya me gustaba poco comer, imaginaos tres platos… ¡que suplicio!).

La historia continua cuando un día (supongo que con unos 5 o 6 años como mucho), me deleité el paladar con pechuga de pollo rebozado. La verdad es que no tenía ni idea de lo que significaba el rebozado, pero me gustó tanto el invento que le propuse a mi madre que me hiciera para cenar una tortilla de harina rebozada.

En un primer momento, creo recordar que mi madre se puso a reír por mi disparate, pero pensó que echándole un huevo al asunto (literalmente) conseguiría hacerme sentir mejor. Y lo hizo. El punto negativo de la historia es que no pude patentar el invento, puesto que no era nada nuevo aunque saliera (más o menos) de mi cabeza.

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Bromas a parte, el resultado es una tortilla de harina pero mucho más esponjosa y rica. Y aunque la idea original es simplemente eso, hacer una tortilla distinta, esa masa nos puede servir perfectamente para hacer buñuelos.

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Aunque según Arantxa no tienen muy buena pinta, os aseguro que están deliciosos. Éstos de la imagen son de alcachofa y queso, pero se pueden hacer de muchas cosas: de roquefort, de atún… o incluso haciendo la pasta más ligera puede servirnos de rebozado esponjoso para, por ejemplo, tiritas de pechuga de pollo o de pavo, dados de rape, pencas de acelga, flores de calabacín, etc.

Como podéis ver, de una misma masa sale una gran variedad de ideas y soluciones para platos muy sencillos y muy muy ricos. ¡Espero que os guste!

Nota:

Para hacer la tortilla, la mezcla de harina, agua y huevo no tiene que quedar muy espesa. Lo sabremos si al levantar un poco de la combinación con una cuchara cae hacia a el plato a gotas y lentamente. Y si queremos poner en práctica la pasta para el rebozado, sólo tendremos que echar un poco más de agua para que quede más ligera.