El Mesón Ballestar coge el nombre del pueblo que lo acoge, el Ballestar. Situado en la comarca del Bajo Maeztrazgo (Castellón), la población de 45 personas (según el censo) se encuentra en lo alto de una colina de unos 700 metros, en pleno parque natural de la Tenencia de Benifasar. Sin duda se trata de un lugar entrañable, en el que se pueden pasar horas y horas observando el paisaje.

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Pero si con desconectar del ruido de las ciudades y contemplar la naturaleza no tenéis suficiente, a unos 3 kilómetros hallamos el increíble monasterio gótico de Santa María de Benifasar fundado por la orden del Císter, y construido entre los años 1233 y 1250. También merece especial mención el Pantano de Ulldecona, que es donde fuimos nosotros el último día que visitamos el Ballestar. Y digo el último porque debo confesar que me encanta el pueblecito y la zona, y aunque soy de probar cosas nuevas, ir a comer al Mesón es casi obligatorio. IMG_0062

El restaurante, muy acogedor, hace honor al trato tan familiar que nos ofrece Vicente, así como su excelente comida casera. Este conjunto es algo que siempre se agradece, pero el Mesón lo hace insuperable. Definición gráfica de insuperable:

IMG_0027Callos

En estos días de frío, tal y como decía Arantxa, apetecen mucho esa clase de platos bien calentitos. Los callos que probé en el Ballestar estaban deliciosos: perfectamente acompañados con los garbanzos y el chorizo, y justo al punto de picante para deleite de mi paladar, como deben ser. Debo añadir además, que la ración ofrecida también era la correcta, puesto que hay sitios que o ponen poca cantidad o demasiada, pasando del extremo de que no llegas a degustarlos como es debido, al extremo de que terminas no disfrutándolos.

IMG_0029Panceta

Dejemos de pensar en el corazón, las arterias y todo el tinglado: fuimos a disfrutar de la comida, y en el menú había panceta. Como véis no pude resistirme, y no me arrepiento. Muy tierna, con un sabor ahumado por estar hecha a la brasa, y al punto justo de cocción, pues es fácil pasarse unos segundos en el fuego y echarlo todo a perder, ésa estaba sublime. Las patatas fritas de la guarnición eran “de verdad”, nada de congelados! 😛

IMG_0040Cuajada

No hay dudas, la cuajada también era hecha en casa, y su textura, así como su sabor, no engañaba: el ruido producido con la primera cucharada me transportó a los prados que rodean la Tenencia, todo sin levantarme de la silla. Y con el añadido de la miel, me dio la dulzura que sólo son capaces de dar los mejores postres caseros.

Precio del menú: 10€ (entre semana)

Si hay alguien preocupado por mi salud, no os preocupéis, no hay mejor salud que ésta. Y volviendo al principio del artículo, no hay nada mejor que salir a dar una vuelta por el Ballestar tras una buena comilona, para complacer la vista con detalles como estos 🙂

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