Hay mucha gente que dice odiar esta bebida, y desde mi humilde punto de vista, os digo que en muchos casos es porque no se sabe tomarla correctamente. El whisky es un licor con un sabor muy fuerte, no me malinterpretéis. Es perfectamente normal que pueda no gustar, ¿quién soy yo para decir que gustos tiene o debe tener una persona? No es eso. Es que ese sabor cambia radicalmente según se toma de una manera o de otra. Y el whisky es un perfecto ejemplo de esa magia.

La variante más famosa de este elixir, sea seguramente la escocesa. Aún así, el primer escrito sobre el whisky lo encontramos en Irlanda (año 1405), y el que actualmente está generando muy buena aceptación, además de reputación, es el japonés (bourbon a parte). Eso en términos generales, pues las clases de historia y variantes sobre el “Agua de Vida” las dejo para otros artículos en los que poder profundizar sobre el tema.

Si pensáis en whisky, seguro que a muchos de vosotros os viene a la cabeza la imagen del vaso con hielo que encabeza la entrada. ¿Verdad? No os culpo. Sea por el motivo que sea, ese es el estándar que se ha popularizado. Sin embargo, para degustar un buen whisky, no necesitamos ni los cubitos ni esa clase de vaso que estáis visualizando. Para ello debemos tener la bebida a temperatura ambiente, y utilizar una copa de cata tal y como vemos en la imagen de abajo junto al maestro Richard Paterson.

restaurants-richard-paterson-482x298

¿Por qué una copita de esas? Porqué en el whisky tiene muchísima importancia el sentido del olfato. Y es gracias a él que podemos disfrutar al 100% de este licor, además de cambiar la opinión de muchas personas como decía al inicio del artículo 😛 . Empezamos con las instrucciones básicas:


[checklist style=”arrow”]

– Añadimos el líquido en la copa, sin llenarla. La linea del whisky tiene que quedar justo por debajo de la mitad del recipiente.

– Cogiendo la copa bien por la base, bien por la pierna (nunca por el cáliz, pues podemos calentar nuestra consumición con nuestro calor corporal), nos la acercamos a la cara e introducimos la nariz dentro del cuenco. Sin miedo. Acercando nuestras napias al líquido todo lo posible, sin llegar a mojarnos, claro.

Richard-Paterson-2– Una vez estemos en disposición, aspiramos suavemente olfateando bien las distintas fragancias del whisky. Con suavidad, debemos entrar en una especie de romance con él, sino podéis llegar hasta “emocionaros” (que los ojos empiecen a sacar sus secreciones quiero decir).

– Alejáis la nariz y expulsáis el aire de vuestros pulmones también suavemente, ‘saboreando’ el regusto que os ha dejado el whisky.

– Repetimos el proceso hasta tres veces. Notaréis como cada vez podéis desglosar más partes del whisky, pudiendo diferenciar sus distintas esencias aromáticas. El olfato cuenta con un rango de sensaciones que asciende hasta 32 olores primarios, frente a los 5 sabores que puede percibir el gusto.

– Llegados a este punto, llega el momento de echar un traguito. Repito lo de traguito; ¡que a nadie se le ocurra ingerir todo el licor de la copa! Una vez hecho el sorbo, nuevamente lo saboreamos deslizándolo por las distintas partes de la lengua. Varios segundos, sin prisa alguna. Lo hacemos manteniendo siempre la respiración, hasta que por fin engullimos el whisky y soltamos el aire de nuestros pulmones suavemente, al igual que sutilmente volvemos a cogerlo.[/checklist]


La sensación que debe producirnos este ‘ritual’ es un tanto indescriptible, pero puedo decir que sentiréis como si se os abrieran los pulmones y el corazón. Hecho esto, seguro que os cambia la visión que teníais hasta ahora del whisky, convirtiéndose en todo un placer.

Así como el hielo puede estropear la recepción de nuestros sentidos a causa del frío, también consigue desperdiciar el whisky, puesto que se trata de una importante cantidad de agua que termina mezclándose con el licor, ya que nadie se toma el brebaje todo de golpe: no somos vaqueros del oeste americano. Dicho esto, quiero aclarar que una buena manera de percibir mejor los aromas del whisky, es echar un poco de agua en la copa. Muy poca. Lo suficiente para que el 40% de alcohol que contiene esta bebida se vea reducido hasta los 35º. Eso viene a ser como dos cucharaditas de agua en una copa como la mencionada anteriormente.

Muy importante lo del agua. No por añadirla pareceremos menos entendidos, sino todo lo contrario. Es más, aquí va mi pequeña crítica al mundo de la restauración. A fecha de hoy sólo me han ofrecido agua para mi copa de whisky en un bar. ¡Sólo en uno! Y no hace poco tiempo que voy por estos mundos… 😛 Según el whisky, debería ser obligatorio ofrecer agua al comensal, puesto que si pide esa botella es porque sabe lo que pide y quiere degustarlo como tal. ¡Si lo quiere con hielo ya lo pedirá!

glencairn_glass

Puestos a hablar de cual es un buen whisky y cual no, no hay ni mejores ni peores. Los hay para distintas ocasiones, y para distintos gustos, como todas las cosas. Como consejo personal, para realizar el proceso de cata de este artículo, recomiendo practicarlo con un whisky de unos 12 años en adelante. Considero que los whiskys más jóvenes están pensados más de cara a los cócteles que a otra cosa.

En próximos capítulos indagaremos en las distintas variantes de este licor, así como su historia. ¡Espero que os haya gustado el de hoy! ¡Salud!


Privacy Preference Center